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domingo, 9 de agosto de 2026

Mimagínate

Reporte desde el frente de batalla

Trinchera: Casa de Lucía
Escuadra de infantería: Mimagínate
Batería de artillería: Manuel Chiock y Almendra Salas.
Zapador: Armando Abanto
Director desterrado: César Chirinos

La llegada al frente

Desde el primer momento en la entrada, estos jóvenes desplegaron una logística impecable. Con su cuidado casi obsesivo y una atención al detalle que rayaba en la alta diplomacia, me obligaron a imponerme de lo rústico que era yo cuando me tocaba armar las cosas en mis tiempos. Sin disparar una sola salva, solo con ese despliegue de delicadeza y organización, ya me habían superado largamente. Uno, que viene de la vieja escuela del combate a puño limpio, no puede más que quitarse el sombrero.

La estrategia: la fuerza de lo esencial

Una vez iniciado el fuego cruzado, la lección fue clara: no hacen falta grandes florituras ni artilugios pirotécnicos; el verdadero poder bélico reside en lo simple. La economía del gesto, la precisión del espacio y la ilusión pura. Ver cómo con tan poco se construye tanto te reconcilia con el oficio. ¡Qué bonito! —expresión que, a decir verdad, me revienta usar por manida, pero que en este caso no es adorno, sino que refiere directo a la sustancia de lo que allí germinaba.

El contingente

Don Manuel: Tiene un carisma especial, de esos que no se ensayan: entra a la escena y lo despliega a voluntad, como quien abre un abanico en pleno desierto.

Doña Almendra: Algo tímida aún, contenida, pero pisando firme y —lo más importante— marchando con determinación por el camino del bien. La madera está ahí.

Y, el alma de la fiesta, Don Armando Abanto. Transforma la atmósfera del lugar. Reescribe el momento transformando la rutina en algo “hecho a mano”: el barniz que hace resplandecer la alegría de todos los demás.

Veredicto final

El espectáculo en sí: ¡Qué gozada!, como bien dicen mis amigos del oriente peruano. Ver a la chiquillada atrapada en el aire que estos muchachos moldeaban con casi nada no solo fue un triunfo táctico, sino un deleite absoluto. Guerra ganada por goleada.

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